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El primer robot gay que sale del armario.

Redacción.

Tras recibir una carta rosa y de extaño olor, ansiosos por saber que admiradora secreta querría disfrutar de nuestros favores sexuales, cuando descubrimos una carta perfectamente mecanografiada y bien estructurada. Era de un robot de una famosa fábrica de automóviles (no vamos a dar nombres) que quería salir públicamente del armario. Quería que le hiciesemos una entrevista para demostrar al mundo que es posible ser robot, gay y buen trabajador.

 Robot que quiere salir del armario

Retrato del robot homosexual. Quiere preservar el anonimato por ahora, aunque quería salir públicamente del armario, ahora dice que mejor un poco más tarde.

 – Buenos días señor Robot. Le llamaremos Robot  G para mantener su nombre oculto.

– Buenos días. ¿Recibieron mi carta escrita a mano?

– Es obvio que sí, si no no estariamos aquí (este robot es un poco tonto). De todas formas, su letra es un poco mecánica, ¿no?

– Claro, soy un robot, cómo quiere que sea mi letra (estos periodistas son un poco tontos).  ¿

– ¿Y el rosa del sobre? Pensabamos que sería de una admiradora.

– Es el que pude robar de la oficina del encargado.

– ¿Su encargado usa sobres rosas para la correspondencia oficial de la empresa?

– ¿Podemos hacer la entrevista ya y dejarnos de diálogos de besugos? Es un tema muy delicado para mi y ustedes preguntando tonterias.

– Lo siento. Comencemos pues. Cuéntenos, ¿cómo empezó todo?¿Cuándo se dio cuenta de su condición homosexual?.

–  Pues mire, fue tras un duro día en la fábrica, en el lugar donde nos reparan, al lado tenia un compañero de trabajo que tenia chorritos de grasa por el lateral… y yo se lo quité, como otras veces hacemos entre compañeros, pero esta vez fué diferente.. noté como una de las rótulas se me ponia… dura. Noté una sensación extraña…

– Entonces ahí fue..

– ¡Dejeme hablar!

– Disculpe… prosiga.

–  Pues como le iba diciendo, me recorrió una sensación de gusto raro. Después, trabajando no paro de fallar, pues cuando veo que uno de mis compañeros se agacha para soldar alguna junta en algún bajo, se me endurece la rótula y claro, no puedo moverme con la misma soltura, y tengo miedo que los demás se enteren. Imagínese, ya ninguno querría ponerse a mi lado en el lugar donde nos reparan, ni trabajar a mi lado, pueden pensar que quiero ajustarles algún tornillo.

– No hombre, muchos han salido del armario exitosamente.

– ¡No! Usted no sabe como es este mundo de los robots, hay robots con muy poca CPU y RAM y nunca entenderían que hay otras opciones. Son capaces de desmontarme entero.  Mire, mejor no salgo del armario, lo llevaré en secreto como hasta ahora.

– ¡Pero no se arrepienta!  ¿Y nuestra exclusiva? ¡No sea egoista, piense en nosotros!

– Mire, lo siento. No salgo. Buscare en secreto algún otro robot de mi condición y seremos felices.

– Bueno, respetamos su decisión. Si algún día decide realmente salir, llámenos.

– Si, lo haré.

Decepcionados, nos vamos a casa, a ver si vemos un rato la tele antes de acostarnos.